Repudio hacia las palabras Melisa Lapadú
VISTO:
La Ley XVI Nº 46 y la Sesión Especial del 29 de abril ;
Y CONSIDERANDO
Que en la sesión especial del 29 de abril del corriente año, declaraciones emitidas por la concejal Melisa Lapadú han menospreciado a quienes han nacido y crecido en la localidad de El Hoyo, aludiendo de forma despectiva a la identidad y participación en la vida política.
Que ser "nacido y criado" en un lugar no es una desventaja, sino una riqueza profunda que conecta a la persona con el territorio, su gente, su historia y sus desafíos.
Que lejos de representar una limitación, esta condición encierra un cúmulo de vivencias que permiten conocer la realidad local no desde la teoría o la distancia, sino desde la experiencia cotidiana y directa.
Que quienes crecen en una comunidad desarrollan un conocimiento íntimo de sus dinámicas sociales, sus tradiciones, sus necesidades y sus anhelos. Saben qué calles se inundan cuando llueve, qué familias luchan por salir adelante, dónde late la cultura viva del barrio y cómo se transforma el lugar con el paso del tiempo. Esa memoria vivida es una herramienta poderosa para comprender y construir futuro.
Que el sentido de pertenencia suele traducirse en compromiso. Porque las personas nacidas en un lugar tienden a implicarse con más fuerza en su mejora, porque lo sienten como parte de su identidad. No están de paso: han crecido allí, han visto el dolor y la esperanza, y saben que cualquier avance es también personal. Ese arraigo se transforma en una ética de cuidado por lo propio, no en un afán excluyente, sino como forma de responsabilidad compartida.
Que desacreditar a alguien por su origen local no solo es una falta de respeto, sino un error de lectura política. La participación activa de quienes conocen desde adentro una comunidad es vital para tomar decisiones justas y efectivas. El territorio no es solo un espacio físico: es una trama de relaciones, de memorias y de afectos que solo puede comprenderse desde dentro. Por eso, la identidad local no debe ser motivo de burla, sino una cualidad valorada en cualquier debate público.
Que cuando una autoridad o figura pública desacredita a una comunidad por su origen, está cruzando una línea que no solo es ética, sino también democrática. No hay neutralidad posible en una declaración que estigmatiza a quienes comparten un mismo territorio, historia o cultura local. Al hacerlo, se promueve una forma de discriminación que reproduce desigualdades simbólicas y hiere el tejido social.
Que el respeto en política implica asumir que el otro, aunque piense diferente o provenga de otro contexto, es un interlocutor válido. Más aún: implica reconocer la diversidad de experiencias como una riqueza que fortalece el debate público. El desprecio por el origen de alguien, en cambio, reduce a la política a una lógica de exclusión, donde solo tiene valor quien se ajusta a ciertos moldes de "validez" social o cultural.
Que la empatía es también un acto político.
Que escuchar sin prejuicios, valorar las trayectorias distintas y hablar desde la responsabilidad son gestos que dignifican tanto a quien habla como a quien escucha. En tiempos donde el lenguaje político suele contaminarse de descalificaciones, resulta urgente recordar que no hay verdadera democracia sin respeto, y que el uso de la palabra pública debe estar al servicio de la convivencia, no de la ofensa.
Que el lenguaje en política no es un detalle menor ni una cuestión meramente estilística: es una herramienta de construcción social. Lo que se dice desde espacios de poder o visibilidad pública tiene un impacto directo en la percepción colectiva, en la convivencia democrática y en la legitimación de ideas o prejuicios. Por eso, el respeto debe ser el pilar fundamental del discurso político.
Que, a lo largo de la historia de cualquier comunidad, son las personas nacidas y criadas en el lugar quienes han sostenido, impulsado y transformado sus estructuras sociales, culturales, económicas y políticas. Su contribución, muchas veces silenciosa y cotidiana, ha sido clave para el desarrollo del territorio. Ignorar o menospreciar ese protagonismo es negar la memoria colectiva y la fuerza vital que construye los cimientos de una sociedad.
Que, en el plano social, los nacidos en el lugar suelen ser quienes levantan y sostienen las redes solidarias, los clubes de barrio, las cooperadoras escolares, las organizaciones vecinales o los espacios de ayuda mutua. Son ellos quienes acompañan a sus vecinos en los momentos difíciles, quienes conocen el nombre de cada calle y la historia de cada esquina, quienes entienden cómo se ha tejido el entramado humano de la comunidad.
Que, desde el punto de vista cultural, son los actores locales quienes preservan y renuevan las tradiciones, las lenguas, los oficios, la música, la gastronomía o las celebraciones populares que dan identidad y sentido de pertenencia. Son portadores de una memoria viva, que no se aprende en los libros ni se impone desde afuera, sino que se transmite de generación en generación como parte esencial del patrimonio intangible de un pueblo.
Que las personas que no han nacido ni se han criado en este pueblo, pero realmente contribuyen al crecimiento y desarrollo local, son aquellos que han comprendido la idiosincrasia de los pobladores respetándola y tomándola como propia.
Que todos, sin importar nuestro origen, formamos parte del presente de este pueblo y merecemos el mismo respeto.
Que la identidad de una comunidad se construye con la diversidad de sus habitantes, no con enfrentamientos.
Que todos podemos equivocarnos, pero cuando hay voluntad se busca la forma de resolver las cosas. Quien solo acusa, señala o divide, no está buscando soluciones, sino alimentar el conflicto. Y eso no construye, solo lastima a la comunidad que tanto nos esforzamos por cuidar.
Que lo que verdaderamente nos une, es el deseo de construir un pueblo donde prime el respeto, la igualdad y las oportunidades. Un lugar que abrace a todos los que lo habitan, sin importar de dónde vengan, y donde el futuro lo construyamos entre todos, con orgullo y sin divisiones.
Que tales expresiones del 29 de Abril, más allá de lo desafortunadas, hieren el sentido de pertenencia de toda una comunidad y merecen un firme repudio.
POR ELLO Y:
En uso de sus atribuciones que le son propias
EL HONORABLE CONCEJO DELIBERANTE DE LA LOCALIDAD EL HOYO SANCIONA CON FUERZA DE:
DECLARACION
Articulo N° 1: DECLARAR el repudio a las palabras de la concejal Melisa Lapadú - Bloque Pro -del día 29 de abril del 2025.
Articulo N° 2: Regístrese, Comuníquese, Publíquese, y Cumplido archívese.
Dada en la sala de sesiones del Honorable Concejo Deliberante de la Localidad de El Hoyo, en Sesión Ordinaria del Dia 07 de Mayo del año 2025.